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martes, 20 de diciembre de 2016

Aquellos Quinquenios de Independiente (1939/1943 y 1955/1959)

A la hora de recordar los grandes equipos que dio el fútrbol ayacuchense, es imposible omitir a aquel Independiente dominador de nuestros torneos a comienzos de la década del '40 y de mediados a fines de la década del '50.

La era 'profesional' de nuestro fútbol había comenzado en 1932 y tres años más tarde Independiente conseguía el primer campeonato de su historia con aquel equipo que formaba con  Larocca en el arco; Antonio Simonetti y Sau; Loholaberry, ‘Pariche’ Rodríguez y ‘Puñalada’ Russo y en la línea de atacantes ‘Pico’ Coria, Néstor ‘Pocho’ Pérez, ‘Chichín’ Pérez, ‘Chancho Amargo’ Ponce y Obdulio Russo.

Al campeón de 1935 le sucedería el campeón de 1937 y a partir de ahí el primer Quinquenio de su rico historial obtenido en los años 1939, 1940, 1941, 1942 y 1943 de la mano esos jugadores de excepción que fueron los hermanos Pérez.

Es precisamente 'Pocho' Pérez quien le explicaba esa "tradición familiar" ligada al fútbol al recordado José Pintos, quien lo entrevistaba en 1995 para el Semanario "Calle/7": "Nosotros somos nueve hermanos. Los cuatro varones jugamos todos en Independiente, a tal punto que llegamos a formar la delantera: con el N° 7 iba yo, de N° 8 lo hacía Raúl (‘Chichín’), con la N° 10 jugaba Alfredo (el conocido Profesor, apodado "Oreja") y con la N° 11 lo hacía Armando (a quien se lo identificaba como ‘Tarulo’). Entonces te diría que se trata de una familia de deportistas y eso tiene que ver porque desde chico te gustan las cosas que hacés. En ese equipo que te decía jugaban además, el medio, de Nº 9 el ‘Gringo’ Buchino, también "Chancho Amargo" Ponce o el Dr. Jorge Bazterrechea".

¿Cuál fue el mejor equipo de Independiente que integraste?

Aquel de 1940-1941. Era un equipazo. Al arco Paulito Cardozo; atrás el ‘Vasco’ Alcorta y el ‘Negro’ Burgos; al medio el ‘Loro’ Selva, ‘Pariche’ Rodríguez y ‘Cherro’ Cestona; y adelante estábamos ‘Tito’ Gallardo, yo, el ‘Gringo’ Buchino, y mis hermanos ‘Chichín’ y ‘Tarulo’. ¡Qué cuadrazo...!
 

Club Atlético Independiente 1941


Detrás de estos grandes equipos vinieron los que lograron las conquistas de 1946, 1948 y 1952, hasta llegar a 1955 en donde apoyado en un definidor increíble como Néstor Ceresini, la calidad de 'Cartucho' Labala marcando punta, la seguridad del 'Paisano' Gadea en el arco y la vigencia de 'Oreja' Pérez, 'Pelusa' Cestona y 'Chichín' Simonetti convertidos en puntales de un sólido equipo que por cinco años consecutivos dominó el fútbol ayacuchense.


Una necesaria evocación a estos grandes equipos del Club Atlético Independiente y, paradójicamente, cuando el destino parecía escribir otro futuro, este título de 1959 (el 15º de su palmarés) sería el último de la cosecha del 'rojo' ayacuchense. 

Anécdotas de nuestra historia futbolera...

lunes, 6 de abril de 2015

Alfredo Pérez Erviti, un deportista total



Junto con Eduardo Giangiobbe (Bocha), Alfredo Pérez Erviti (Oreja), fueron los precursores en Ayacucho, sin títulos habilitantes, del deporte entendido como una disciplina científica, sujeto a reglas y ortodoxia propias de una ciencia que, además de atender el adecuado y, sobre todo, equilibrado, desarrollo corporal, coloca sobre la peana o el campo de juego normas ineludibles de respeto al adversario, aquello que los ingleses sintetizaron en la frase, mundialmente aceptada, del fair play o juego limpio.

Pero tratándose de Oreja, le ‘gustaban todas’ y así, era común verlo en la vieja cancha de Independiente (hoy Barrio Obrero) corriendo y gritando junto a los chicos, sus presuntos alumnos que, más que tales, eran compañeros de juegos. Eran los tiempos del ‘Profesor’ Pérez Erviti, de los colegios primarios y secundarios. O cuando fue elegido por el Dr. José Antonio Barbieri en 1973, al ser electo Intendente por cuarta vez y desempeñarse como tal al frente del ente municipal respectivo. 

Dinámica y versatilidad iban con él de la mano. Es que Oreja fue siempre eso, hasta los cincuenta años por lo menos. 

Como futbolista, integrando los equipos de Independiente y Ferroviario y aquellas selecciones entre otras la del 41, medalla de bronce en la provincia de Buenos Aires, el delantero -a juicio de quien escribe- más completo y moderno de nuestro balompié. Su ir y venir constante, en los tiempos del clásico ‘10’, peón de brega, era el ‘revulsivo’ que enloquecía a las defensas rivales. Sin exquisiteces en el manejo, dribbling largo, fuerza y velocidad. Con eso bastaba para dejar el tendal. 

Y, por supuesto, un físico privilegiado, que el mantenía ‘de diez’, porque si no tenía entrenamiento o partidos, el frontón de Aguerre antes, y Atlético después, cuando no ‘la abierta’ de Rivarola, eran escenarios propicios para quemar  energías en su constante hiperactividad. 

Partido de pelota a paleta en el Viejo Club Hípico de Tandil en el que Ayacucho vence al local (1935)
En la foto se ve al equipo tandilense (izq.), Bernatene (de sobretodo, el juez) y por último al trío ayacuchense compuesto por Ercoreca (suplente) y los hermanos 'Pocho' y 'Oreja' Pérez Erviti

Volviendo a la selección de 1941, Oreja con sus frescos 20 años, fue el Maradona del 86. Era un placer verlo ir v venir por su callejón, arrastrando rivales que iban dejando como hojarascas en el camino, que parecían colgados de su cintura.

Pero arriba hablamos de un deportista total. Porque, además de ser -creemos que con ‘Pariche’ Rodríguez- los dos mejores jugadores que hubo en Ayacucho en toda su historia, ‘Oreja’ era un excelente jugador de pelota a paleta, en cancha cerrada o abierta. Creemos que se inició en la cerrada de Aguerre’ (en los fondos de “Gulliver”, cuando el recordado Medina era el canchero) y, desde muy chicos, a ‘Oreja’ como a otros, les prestaba paleta y una pelota ‘chamba’ para que despuntaran el vicio; eran los tiempos del Dr. Ciaño, de Calcagno, Alberto David, los primeros de Juancito Patalagoyti y tantos otros que ya no están...

Siendo como era, el mejor delantero de la historia del fútbol lugareño, llegó también a ser un excelente pelotari formando pareja con su hermano Néstor (‘Pocho’) que felizmente le sobrevive y es otro de los grandes del deporte ayacuchense de todos los tiempos.

Y volviendo al fútbol, viene a cuento recordar aquella final de las zonas ‘D’ y ‘C’ que Ayacucho jugó en nuestra ciudad primero y en Mar del Plata después, contra el representativo de la feliz, que fue eliminado por nuestra selección y de esa modo ser uno de los cuatro finalistas que disputaron el título de campeón provincial en la ciudad de Bahía Blanca, en Octubre de 1941. 

En el primer partido, de los dos -ida y vuelta- con que se eliminaban los ganadores de la zona, Ayacucho venció a Mar del Plata 3 a 0, en la vieja cancha de la Liga, con una actuación memorable. Hubo que jugar la revancha en Mar del Plata y allí fuimos (quien esto escribe jugaba de 4, junto a ‘Pariche’ Rodríguez y José Luis Chinicola), y los locales tenían que ganarnos, al menos por dos goles de diferencia, para forzar un alargue de 30 minutos y luego los penales, en caso de empate. 

Estábamos en el segundo tiempo y los marplatenses ya estaban 2 a 0 y buscaban el tercero para no ir al alargue. Nos veníamos defendiendo bien y contraatacando cuando se podía. Ellos necesitaban un gol más para forzar los penales cuando, en un entrevero en el área de Ayacucho, un rechazo potente de Emilio Carloni dio en la nuca de ‘Pariche’ que se cruzó a pocos metros. El recordado ‘5’ de nuestra selección, que bien pudo haber jugado en el fútbol grande, quedó atontado y no se repuso en todo el partido. 

Era un león en el medio campo pero, después del pelotazo, preguntaba dónde estaba y se movía como un autómata. Debió bajar ‘Oreja’ y junto con quien esto escribe, aguantábamos el temporal como podíamos. Ellos con un gol más, forzaban el alargue. La pelota llegaba a nuestra área de arriba, de abajo y de los costados y varias veces nos salvamos por rebotes providenciales. Es que, sin ‘Pariche’ éramos medio equipo.

 Plantel campeón del Club Atlético Independiente que conquistó el Quinquenio 1955/1959
(abajo, 5º desde la izquierda, aparece 'Oreja')

Así las cosas, sucede que uno de los tantos rechazos que sacábamos como podíamos en el medio campo, la ‘pesca’ Oreja y la manda al campo rival con alma y vida. Por allí andaba, a mitad de camino entre el arco y el centro de la cancha, el recordado ‘Tarulo’, wing izquierdo de aquella selección y hermano de ‘Oreja’.

Corre a pelear su posesión con un back contrario que lo ‘cuidaba’ (los demás, atacantes y defensores estaban en nuestro campo), llega primero ‘Tarulo’ que alcanza a empujarla hacia adelante, sacándole al rival un cuerpo apenas. El arquero sale rápido a cubrirlo hasta el borde del área y ‘Tarulo’ con el último aliento, desde la misma línea del área, la empuja -más que patearla- con la derecha. 

Recordemos que ‘Tarulo’ era más zurdo que Fidel Castro y... le pegó con la derecha... El balón iba en dirección al arco, rodando cada vez más despacio, derechito a un palo y el arquero que la corría desesperado. Llegaron juntos y el arquero exhausto se tiró de cabeza pero no llegó y el balón entró junto al palo, transponiendo apenas la línea del gol. Era el 2 a 1 y ahora los marplatenses tenían que hacernos dos goles para forzar el alargue.

Demás está decir que nos seguimos defendiendo como leones y ‘Oreja’, Emilio, Carloni, Luis Burgos, José Luis Chinicola y yo, con la lengua afuera, sacábamos balones a baldazos como isleños que se les inunda el rancho. Al fin, después de minutos que eran siglos, interminables, dolorosos de sufrir balones que rebotaban en los palos o les sacaban astillas; de rebotes providenciales, con los diez ayacuchenses alineados virtualmente frente a nuestra área chica, sonó una música celestial; una especie de concierto en Sol Mayor de Schubert, o de “Aida” de Verdi. 

Era un vulgar silbato de referí y que raro que sonara así, con semejantes arpegios que semejaban una feria de risueñores. Habíamos ganado y clasificado para la serie final de la provincia, con otros tres equipos: Bahía Blanca, La Plata, Lobos y Ayacucho, para saber quién era el mejor de la provincia de Buenos Aires. 

En esa consagración, Alfredo Pérez Erviti fue el factor fundamental y decisivo. Con su muerte, desaparece una leyenda del deporte de nuestra ciudad, que hoy recordamos, con la nostalgia que producen todas las marchas definitivas de los amigos, pero por sobre todo, porque con él se fue para siempre el símbolo de más de medio siglo del deporte ayacuchense.

(la excelsa pluma del Dr. Oscar Ignacio Albano, autor de este artículo que publicara el diario “La Verdad el sábado 17 de Enero de 2004)

viernes, 1 de abril de 2011

Entrevista a Pedro “El Chileno” Barraza

Tiempo atrás, publicábamos un artículo del desaparecido semanario “Calle/7” en el cual a través de una encuesta popular se elegía la Selección ayacuchense de todos los tiempos.

En la misma, el jugador que más votos logró fue Pedro “El Chileno” Barraza, jugador que arribó a nuestra ciudad en tren, proveniente de Chile, en 1926 y de ahí el erróneo apodo de ‘Chileno’ a pesar de su origen mendocino.

Llegado a Ayacucho y ni bien mostró sus aptitudes futbolísticas, jugó unos pocos partidos en Racing y en Independiente para recalar en el que sería el club de toda su vida, Defensores.

En el año 1958 el semanario ayacuchense “Mundo mejor” publica una entrevista realizada por esa publicación a este virtuoso mediocampista que reprodujo “Calle/7” tras la encuesta mencionada que contó con 322 votantes y cuyos resultados fueron anunciados en la edición del martes 9 de Noviembre de 1993.

A continuación reproducimos esa entrevista y al final de la misma unas palabras de uno de sus hijos, Edelmiro, quien gentilmente se prestó a nuestra requisitoria sobre, tal vez, el mejor jugador que pisó nuestras canchas: Pedro “El Chileno” Barraza.

Extraemos del primer número del semanario "Mundo mejor", un reportaje publicado en un espacio exclusivamente dedicado entonces a las figuras de nuestro fútbol de antaño. En ella habla Pedro "el chileno" Barraza. El mejor.

Este rincón deportivo estará dedicado a las figuras veteranas, que fueron, con su paso por las canchas, el punto de partida de esta pasión de un vasto sector ciudadano: el fútbol. Rememoraremos nombres y hechos del pasado, en la creencia que eso será de interés no solamente de quienes fueron actores o espectadores, sino también para los que en la actualidad siguen de cerca el más popular de los deportes.

Iniciaremos esta Sección con quien sin dudas fue la máxima expresión futbolística: Pedro Barraza, ‘el Chileno’, nombre que evoca un compendio de sutilezas, ingenio, caballerosidad y amor por su divisa, que hoy tanto añoramos. 
Lo encontramos amable y puntual, en la Secretaría de su amado Club Defensores, y comenzamos de inmediato el reportaje:

¿En qué año comenzó a jugar en Defensores?

Justo en el mismo año que llegué a esta ciudad, 1926. Yo estaba practicando en la vieja cancha defensorista donde hoy se encuentra el Barrio Obrero y se me apersonó don Guerino Baldini, quien me presentó al Club, jugando en el mismo hasta mi retiro, en el año 1942.

En su larga temporada deportiva, ¿recuerda el equipo que le dio mayores satisfacciones?

Efectivamente, no olvidaré al que con justicia llamaron “Ventarrón de la zona”, por batir a todos los rivales, y especialmente después de ganar a Huracán de Juárez. Formaba así: Flematti; Castro y ‘Ducho’ García; José Contino, Marzico y De Jesús; Brión, ‘Falo’ D'Elías, el que te habla, José Aiello y Juan Dufard.

¿Qué jugador admiró por su corrección y tecnicismo?

Entre mis compañeros a Julio De Jesús y de los rivales a ‘Chichín’ Pérez.

¿En qué puesto jugó y quiénes fueron los jugadores de más difícil control?

Hasta que llegó De Jesús a Defensores, jugué de centro half y luego pasé al centro de la línea delantera. Como defensor era una pesadilla cuando me tocaba enfrentar a ‘Paleta’ Tibiletti, por la ligereza y movimientos de cuerpo. Como delantero, el que me ofreció mayor reparo fue Oscar Albano, de quién aún conservo una amable ‘caricia’ hecha desde ya, sin ninguna mala intención.

¿Cuál fue su mejor partido?

Creo que fue contra Independiente de Maipú, en ésta. Nos ganaban 3 a 0 al terminar el primer tiempo. Como tenían una defensa muy cerrada, en el descanso le dije al ‘Negro’ Aiello: “Cuando agarré la pelota en vez de avanzar yo voy a retroceder, pero vos dispara para el área, que una vez que los tenga amontonados en el centro de la cancha te la cortaré”. Así fue, varias cortadas que terminaron en goles del ‘Negro’. Ganamos 4 a 3.

¿Recuerda cuál fue su mejor gol?

Goles hice muy pocos, pues no era mi característica, ya que carecía de shot, pero recuerdo un penal que le convertí a Miguel Ángel Iriarte, arquero de Atlético. Le amagué a la derecha y él se tiró rapidísimo hacia ese lado; una vez en el suelo, se la coloqué a la izquierda, rozando sus botines, ante su desesperación y la grita del público.

¿Recibió muchas satisfacciones en la práctica de este deporte?

Innumerables y en todo orden. Soy un agradecido del fútbol; me brindó la oportunidad de recibir no solamente atenciones de todos los compañeros sino que también de los rivales y del público en general. En particular si usted me lo permite desearía expresar una vez más el agradecimiento sincero para todos los dirigentes y amigos del Club Defensores, que por muchos años fueron mi sostén. No podré olvidar jamás lo que han hecho por mí.

¿Recuerda alguna anécdota?

Jugábamos contra Sport Club y ante un avance nuestro despeja el centro half, Antonio Simonetti, con un tremendo taponazo; ‘Torino’ Aiello que entraba a la carrera salto asustado dándose vuelta y tapándose la cara para evitar el pelotazo, pero la pelota le pega en los talones y sale como bala hacia el arco incrustándose en el ángulo ante la sorpresa general. Fue todo un golazo... de la casualidad.

Con un emocionado apretón de manos, nos despedimos de Pedro Barraza, en la creencia de haber vivido unos momentos de gloria del pasado futbolístico.

El testimonio de su hijo Edelmiro

"Papá (foto) era nacido en San Rafael, Mendoza, el 21 de Mayo de 1899, llegó a Ayacucho con 27 años, procedente de Chile. Él vino de ‘croto’ junto a diez chilenos, él se quedó con uno de mala fama llamado Alberto Vivanco, era un malevo, al que después mataron en una pelea y los otros ocho chilenos se volvieron. Incluso papá, sin tener nada que ver llegó a caer preso por andar junto a Vivanco.

¿Cómo era como padre?

No es porque haya sido mi padre, pero qué persona buena era. Yo me sabía pelear con alguno en la cancha, con mis primos, etc. papá llegaba al mediodía a casa y mamá le contaba lo sucedido. Entonces me llamaba “Flaco, vení” y salíamos a caminar, a dar la vuelta manzana a la cancha y cuando yo venía llegando a casa seguro que venía llorando a moco tendido por lo que me había hablado y por como lo había hecho. ¡Qué padre! Las sabía todas. 

¿Usted lo vio jugar?

Lo ví de grande, él tenía 52 años. Nosotros vivíamos en la cancha de la Liga, nacimos y nos criamos ahí, todos nosotros jugábamos al fútbol. Era aterrador lo que pateaba mi hermano Alberto, (‘Cacho’, ex Municipal, ya fallecido), aterrador por la potencia y otro gran jugador, de ‘5’ también fue mi hermano Jacinto (‘Tito’), muy buen jugador.
Papá siempre jugó en Defensores y siempre fue muy agradecido de lo que el club le brindó. Jugaba con muchachos como ‘Rolo’ Santos, Julio De Jesús, el Dr. Jorge Bazterrechea, el ‘Flaco’ Pintos, etc.

¿En qué puesto jugaba?

El era número ‘5’ pero podía jugar también en otros puestos, había que ver lo que jugaba. Los que juegan ahora no sirven ni para atarle los zapatos, tenías que ver que la habilidad que tenía ¡qué habilidad!
Me contaba, gente muerta ya, como el desaparecido ‘Manchao Viera’, que cuando llegó un día a jugar al fútbol a una canchita del barrio 'El Perejil' "lo tomábamos para la risa 'que va a hacer este flaco piojoso', 'le vamos a dar un baile bárbaro'. Resulta que se quedaron todos con la boca abierta. Que baile nos pegó él a nosotros, a todos, un espectáculo lo que jugaba aquel hombre".
Él le decía al ‘Negro’ Aiello, a quien yo conocí, “cuando yo agarre la pelota, vos dispará para adelante”. Creo que en 44 partidos el ‘Negro’ Aiello hizo 43 goles, gran parte de ellos a instancias de mi padre, pero era goleador el ‘Negro’.

¿En esa época la gente iba a la cancha?

Vos no tenés idea, nada que ver con la que va hoy. Nosotros, con mi hermano ‘Cacho’, los domingos previo al partido subíamos al corralón de la vieja cancha de la Liga y poníamos las banderas en la puerta de la cancha, donde estaban las boleterías, y ya a la una de la tarde estaba abarrotado de gente, los sábados igual. ¡Qué entusiasmo! Ni hablar cuando jugaba “la segunda de fierro” (denominación que se le daba por aquellos años a la 2ª división del Sport Club).
Antes era una ‘panzada’ de fútbol. Fútbol de la mañana a la noche, recuerdo que en donde está hoy “Repuestos Lorenzo” en Av. Solanet, eso era una cancha y jugábamos los sábados a partir de las 2 de la tarde y éramos jugadores para un lado y 50 para el otro.

(agradezco a Edelmiro Barraza y a "Calle/7" por el material para poder realizar este artículo)

viernes, 18 de febrero de 2011

El charabón (cuento)

Cada dos años el fútbol tandilense vivía una especial emoción: la disputa de la Copa Béccar Varela. En el torneo anterior, en 1956, la selección de nuestra ciudad había perdido dos grandes valores, el "Ruso" Sklenard que rumbeó para Mar del Plata y Zeberio, que se había retirado. Apenas si obtuvieron un triunfo ante Benito Juárez. Al partido siguiente, Azul decretó su eliminación.

El equipo de 1958, que salió subcampeón, dirigido por D'Ascensi, Perniola y Tangorra, será siempre recordado por esa final que debió jugarse luego de dos empates y que la perdimos contra el conjunto de Tres Arroyos con un bendito “Gol de oro” en el tiempo suplementario. El profesor Juan Carlos Yotti, que sabía tener su columna de fútbol en "Actividades" con el seudónimo de "El Tío Talo" estuvo a cargo de la preparación física.

El sorteo indicaba que el primer partido que debía sostener la selección sería contra Ayacucho, como visitante. En la puerta del Diario “Actividades” estaba estacionado el Plymouth recién pintado con el que íbamos a ir a presenciar el partido. Alcides Fortunato dio la vuelta para acomodarse en el asiento trasero: “Pancho, lindo trabajito le hicieron con la pintura ¡Qué prolijo pintor!”. Señalando con el dedo le mostraba una parte del paragolpes trasero, atado con alambre, que también había recibido una buena dosis de pintura, sin llegar a taparlo.

El corto trayecto lo hicimos sin los acostumbrados sobresaltos a los que nos tenía acostumbrados la conducción de mi padre. La ciudad parecía un páramo, desolada, todo el mundo parecía estar en la cancha desde hora temprana esperando el primer cotejo de su selección contra una de las más fuertes de la provincia.

Nos dirigimos al predio que hoy día llamaríamos con generosidad extrema, un baldío. Las cuadras en derredor estaban atiborradas de autos.

Cuatro paredes de ladrillos de baja altura encerraban un campo de juego separado de las tribunas por un alambrado que además de no ser mejor que el de un corral de tambo, necesitaba una urgente repasada. Las barras, con bombos y banderas, que empezaron a calentar el ambiente desde el partido preliminar apenas si estaban separadas por un alambre de gallinero que podía voltearse de un solo empujón.

Colocados del lado de lo que podía llamarse la tribuna oficial, frente a nosotros, teníamos las dos enfervorizadas hinchadas que no cesaban de gritar al ritmo de los bombos y el flamear de las banderas.

Antes de llegar al lugar reservado al periodismo, nos cruzamos con un morocho corpulento, cara de poquísimos amigos, rodeado por unos muchachos que parecían pertenecer a su séquito. Su mirada, debajo del ala de un aporreado sombrero era la de un pendenciero de mala entraña. Cada uno que pasaba a su lado recibía en silencio una velada amenaza con su parada altanera, su gesto de desprecio y su aspecto de matón.

Si alguno llegaba a clavar su vista en él, su rostro se transformaba en una mueca feroz que dejaba de una pieza al poco avisado que había tenido la irreverencia, a la vez que ponía su nariz a una cuarta del individuo, desafiante y listo para pelear. Sus acompañantes al unísono y con prontitud lo atajaban al grito de: "¡No te perdás, Chara no te perdás!".

Antes de que comenzara el partido principal dio vueltas y vueltas alrededor de la cancha, siempre en tren de provocación, buscando pelea. Muchos ayacuchenses que ya lo conocían, ante su aparición se apartaban respetuosamente y con rapidez como si le dieran paso a un emperador.

A la segunda ronda, alguien de los que estaba con nosotros, intrigado, le preguntó a un directivo de la Liga de Ayacucho, quién era ese personaje que como si fuera el dueño de la cancha y de la pelota, no paraba de recorrer el perímetro con su cohorte de guardaespaldas.

“Ese -respondió- es el famoso ‘Charabón’, hace solamente un mes que salió de la cárcel. Fue condenado a veinte años de prisión porque mató a cuatro. Acá todos le tienen miedo, es mejor no meterse con él”.

El seleccionado tandilense fue muy superior durante todo el partido. Los goles que al final fueron tres se sucedieron, incrementando la euforia de la tribuna embanderada con cánticos cada vez más burlones hacia la hinchada rival.

Terminado el encuentro, la débil barrera de alambre que las separaba se rompió y se desató la furia entre ambos bandos. El campo de juego, transformado en un campo de batalla, llegó a su punto culminante cuando ‘Pichín’ Distéfano, hizo flamear como un trofeo de guerra la bandera arrebatada a los ayacuchenses.

Y allí fue el ‘Charabón’ a su rescate. El ‘colorado’ Zuzulich -que jamás se había peleado con nadie y siempre fue conocido como un hombre pacífico e inofensivo- al verlo venir y sin conocer sus antecedentes, obnubilado por el entusiasmo del triunfo, la algarabía contagiosa y algún trago espirituoso, fue inconscientemente a enfrentarlo.

Cuando terminó la reyerta, encontraron tendido largo a largo al temido asesino, al que Zuzulich, con su esmirriado físico y en su debut pugilístico le había dado una generosa ‘tunda’ que sirvió para que después la turba que salió del estadio lo pasara por arriba.

(cuento de Marcos Vistalli, publicado en el suplemento ‘La vidriera’ del diario “El eco de Tandil” del domingo 30 de Enero de 2011, pág. 13)

Glosario

Baldío: Terreno que no se labra y falto de mantenimiento.
Charabón: Avestruz pequeño, aún sin plumas.
Cohorte: Conjunto, número, serie.
Páramo: Terreno yermo, raso y desabrigado. Lugar sumamente frío y desamparado.
Séquito: Agregación de gente que en obsequio, autoridad o aplauso de alguien le acompaña y sigue.
Tunda: Paliza, golpiza.
Turba: Muchedumbre de gente confusa y desordenada.